
En la lluviosa mañana de un día como ayer pero de 1970, Willie y yo tuvimos una breve charla en la esquina de 53 y 4, bajo un viejo balcón que todavía sobrevive.
La tarea que me encomendó era absurda, descabellada… un disparate.
Pero su pedido tenía mucho más de mandato o exigencia, que de súplica o ruego. No había espacio para mi negativa. Y, menos aún, tiempo para discutirlo.
—Si no regreso a casa antes de las 12 de la noche, avisales a mamá y papá que me fui a Europa en barco… de polizón…— me dijo de una, sin prolegómenos y sin anestesia.
Con sus diecinueve años recién cumplidos, con un bolso inocentemente confeccionado por las hacendosas y sorprendentes manos de Dory, y con un sueño irrevocable en un bolsillo y un Juan Grillo de plástico azul en el otro, el rubio se lanzaba a su loca aventura transoceánica con muchas, muchísimas, más probabilidades de fracaso que de llegar por fin a su destino soñado.
Atrás quedaría mi vano intento disuasivo, atrás quedaría su angustia por no poder despedirse como hubiese querido, y atrás quedarían también los comentarios y habladurías que se dispararon enseguida por toda la ciudad. Nadie se había animado a tanto; nadie más se animaría después.
Willie se trepó al Enrico C y, contra todos los pronósticos, sin pasaje ni boleto, cruzó el Atlántico, llegó por fin a Lisboa y luego, por tierra, a su añorada Londres. Para él, entonces, ésa era la tierra prometida, donde la maravillosa década del 60 había estallado con mayor intensidad y esplendor.
Aunque se cuidó muy bien de decirlo, mucho antes de aquella mañana de diciembre ya había tomado la decisión: el costo de no intentarlo era para él mucho mayor que el costo de fracasar. Nuestra conversación solo era el punto de despedida del núcleo familiar. Ni más ni menos.
El mundo está diseñado para premiar la prudencia y castigar la osadía desmedida. Por eso, cuando alguien decide apostar todo por algo que los demás etiquetan como “imposible”, ya está rompiendo un pacto tácito con la realidad.
Ese primer paso es heroico. No porque garantice el éxito, sino porque acepta el ridículo, el fracaso prolongado y la soledad como precio de entrada. La sociedad aplaude el triunfo, pero desprecia el intento fallido.
Aunque no lo entendí en el momento, supe tiempo después que ese diálogo seco y frío bajo la llovizna, tenía algo de sagrado: Willie me estaba enseñando -quizás sin tenerlo del todo claro él mismo- que todos estamos hechos para más. Que la vida no se mide en seguridad, sino en intensidad.
Perseguir un sueño imposible no es para cualquiera.
Por eso, alcanzarlo es siempre épico.
Porque entonces la historia trasciende a la persona.
Y el sueño deja de ser solo un sueño para ser un hecho consumado.

30 respuestas
Muy linda historia Dickie. A su vez me abrió los ojos y me ha hecho reflexionar la frase «…la vida no se mide en seguridad, sino en intensidad».
Te felicito porque has descripto una simple conversación de una manera profunda y con mucho contenido espiritual.
Muchas gracias, Oscar.
Por leerme y por comentar siempre.
Abrazo fuerte.
Rescato esa misma frase de un relato excelente, muy tuyo, muy de adentro: “…la vida no se mide en seguridad, sino en intensidad
Palabras que adquieren aún mayor significado en estos días de cierres y balances.
Que tengas el mejor de los años Dickie, felicitaciones!!!
Muchas gracias, Alberto. Siempre presente con tus devoluciones.
Igualmente para vos y tu familia. Que tengamos todos un gran 2026.
Abrazo fuerte!
Muy bueno que estes reviviendo este tema tan impactante. Estas eligiendo expresar la variante corta de la historia. Como ni el ni sus amigos habían viajado nunca en barco, no sabían si iban a pasar pidiendo boleto (como en un tren), y tuvo que encontrar un escondite dentro del cuarto de sus amigos por las dudas. Mas tarde habia quedado claro que no pedían boleto, y salió a caminar por el barco. El se desplazaba libremente, excepto al comedor, donde no podia ir porque alli cada pasajero ocupaba una silla, de manera que los amigos le traian de contrabando alguna comida al camarote. En esa época Willie tenia bastante éxito confeccionando collarcitos con dijes de plástico, que vendía personalmente en La Plata; llevo en este viaje los dijes de colores, el hilo de nylon, la tijerita, y estuvo vendiendo en el barco a las chicas jovenes. Participó de un torneo de ping-pong y salio segundo, y por su triunfo le dieron una medalla que lleva la inscripción de la linea marítima. Dormia en el piso del camarote porque no habia cucheta para el. Al llegar a Lisboa los otros miembros de su barra de amigos pudieron pasar por Aduana y oficina de turismo, pero habia policías y decidió saltar un cerco, con lo cual ingreso a la vida civil portuguesa como un fugitivo libre y feliz.
Jajaja… Te contaste toda la historia en pocos renglones…
Es verdad que una serie de detalles menores -algunos muy sabrosos- quedaron fuera de mi relato.
También, por ejemplo, la reacción de mamá y papá, mucho más serena y abierta que lo que hubiésemos supuesto.
Pero quedarán para consumo interno, familiar.
Gracias por tu aporte. Abrazo!
Más allá de los interrogantes que me deja esta historia de Willie, quisiera felicitarte la manera que describiste lo sucedido. Fantástico.
Gracias, Giorgio. Abrazo fuerte!
Gracias Dickie …otra linda historia para pensar… romper el molde no es para cualquiera…
Gracias a vos, Lea.
Es verdad que romper el molde no es para cualquiera.
Pero también es cierto que estamos analizando con ojos (y madurez) de hoy un acto adolescente que en su momento podía considerarse irreflexivo o imprudente.
Gracias por tu comentario. Abrazo fuerte!
Hola Dickie, todavía recuerdo el asombro que nos causó cuando lo contaste, hace 55 años!!!
Lo de Willie fue tremenda aventura, aun en esta época!!!
Y admirable también la forma en que tus padres tomaron la noticia.
Sí, Miguel, en aquella época viajar a Europa era algo realmente difícil, reservado para unos pocos.
Y lo de Willie fue muy comentado.
Vos fuiste testigo muy cercano de la reacción de mis padres y es cierto que lo aceptaron de mucho mejor grado que lo que imaginábamos.
Abrazo fuerte y les deseamos lo mejor para el 2026.
¡Qué relato maravilloso! Te felicito por el texto, escribís muy lindo, y por ese ojo virtuoso para ver la vida 💛
Muchas gracias, Florencia…
Con tu padre (Negro querido…) hemos comentado más de una vez la historia de mi hermano.
Él siempre se divertía mucho recordándola.
Un cariño enorme para tu mamá y tu hermano y lo mejor para ustedes en 2026.
Un beso.
Es como si estuviera viendo «el bolso azul»….que sacudón y cuántas reflexiones interesantes de un hecho insólito…
Gracias, Silvia querida…
Tu memoria es abrumadora…😁
Besooo…
No me acordaba que habia sido x esta época. Siempre actualizando la memoria, primo.
Es una historia para desarrollar, como muchas de las q escribiste.
Esta da para libro o película. Aunque no sé si al protagonista le gustaría…
Me conmueve ese bolso azul.
Eddy agregó en su comentario algunos detalles que no entraron en mi relato.
El protagonista siempre fue muy reservado respecto a su aventura.
Sé que no se arrepiente y que está feliz de haberla vivido, pero nunca fue de salir a contarlo.
Para eso estamos los demás…
Dickie, ya me lo habías contado, pero bien escrito como está me llevó melancólicamente hacia aquel tiempo.
Willy era mi capitán en cuarta y recuerdo a quienes lo acompañaron con cariño.
Gracias, hermoso
Gracias, Chiche…
Sí, todos los que viajaron (los demás con boleto…) son de tu camada.
Abrazo!
Dickie, tu escrito me ruborizó, aunque sea una sensación algo olvidada.
.
Ser el protagonista de uno de tus relatos te hace sentir halagado.
Y a la vez incómodo, por los conceptos que fuiste construyendo a partir de un hecho casi espontáneo, precario, que finalmente salió bien.
.
De cualquier manera, agradezco tu reivindicación a aquello, lejos en el tiempo pero una parte de mi formación y mis vivencias más queridas.
Y a Eddy, por tus pinceladas sobre cómo era, verdaderamente, colarse en un barco.
Gracias, Willie querido…
Fuiste protagonista de una aventura que si hoy parece inverosímil, es mucho más extraordinaria todavía si la ubicamos en el contexto de aquella época.
Me consta, sin embargo, que nunca «hiciste bandera» al respecto y preferiste siempre el perfil bajo.
Coincidimos con Eddy -a quien consulté antes de publicarla- que había que rescatar esa historia del olvido, para que no se convierta en uno de esos mitos populares que después nadie sabe si de verdad ocurrieron o no.
Así que ahí está, junto con las demás Ensoñaciones…
Hay varios otros pormenores, algunos muy sabrosos, que no fueron incluídos y quedan reservados para el ámbito familiar.
El abrazo de siempre…
Te escuchado varias veces la aventura de tu hermano Willie, pero tú relato escrito es de otra relevancia. Hay que tener mucha cabeza para poder expresar semejante aventura. Abrazo Crack !!!
Jajaja… Gracias, Tiger querido..!
Tus referencias a mi «cabeza» son infaltables…
Abrazo fuerte!
Hermosa descripción , querido Dickie, de todo lo que rodeó esa increíble aventura…
Te recuerdo que yo fui testigo de lo acontecido pues varios amigos de los que viajaban «con pasaje » subimos al barco como era de práctica en esa época y 20 minutos antes de zarpar, teníamos que bajar, cosa hicimos todos menos uno, Willie, que de esa forma inició su increíble aventura, ante el asombro de casi todos los que nos quedamos en tierra.
Jajaja… Claro, tu gran amigo Toto Cosentino integraba el grupo.
No recordaba que habías estado…
Abrazo, Charlie. Gracias por el recuerdo
Muy bueno Dickie
Pese a que conocía el hecho a través tuyo, las reflexiones que estás agregando le aportan un valor muy importante a esta increíble historia.
Abrz
Gracias, Héctor.
Sí, casi todos mis amigos me han escuchado contarla, problablemnte más de una vez.
(los años no vienen solos…)
Abrazo fuerte…
Qué lindo revivir esta historia; la conocía, pero sin tantos detalles. ¿Qué decir de Willie? Demostró que es un genio o, al menos, posee la locura que ellos tienen.
Esta frase me encantó: “La sociedad aplaude el triunfo, pero desprecia el intento fallido”. Es tal cual.
No sé si «genio» es la palabra, pero sí puede decirse que tuvo la locura y la audacia suficientes como para jugarse a todo o nada por algo que deseaba fervientemente, y que tenía, en principio, muy pocas probabilidades de éxito.
Entre la locura y la genialidad hay a veces una frontera difusa.
Entre la inconsciencia y la audacia, también.
Gracias por tu comentario, que siempre aprecio mucho. Beso.