Brindo por la sonrisa y también por la lágrima, pues ambas somos.
Por una vida llena, brindo…
No es casual que todos los idiomas tengan una palabra para expresar el brindis. Los españoles dicen: ¡Salud! (la variante criolla es ¡Chin-chin!), los italianos: ¡Salute!, los franceses: ¡A votre sante!, y los ingleses: Your health!
Pero, ¿qué es un brindis? ¿Qué significado encierra? ¿Cuándo y para qué se brinda?
Leo por ahí que para los romanos era una demostración de confianza mutua ya que al chocar las copas con mucho vigor el líquido de una se derramaba en la otra, las bebidas se mezclaban y desaparecía la posibilidad de envenenamiento, muy común por entonces, ya que quienes brindaban bebían lo mismo.
También se dice que los vikingos sostenían que el vino se disfruta con todos los sentidos excepto el oído, y que con el chocar de las copas este sentido también participa del gozo de la bebida. Y que alzar las copas era un sinónimo de ofrendar las victorias a los dioses o al monarca. Los alemanes lo hacían al grito de bring dir’s, que significa “te lo ofrezco”, y de allí derivaría “brindis”.

Como quiera que sea, desde chiquitos a nosotros nos enseñaron a brindar diciendo «SKÅL” (‘Skol’), que es una de las pocas palabras escandinavas que aprendimos porque en casa de mis abuelos dinamarqueses se hablaba inglés y no danés. Supe, mucho después, que skål es una palabra que proviene del nórdico antiguo, hoy usada por noruegos, suecos, daneses e islandeses para expresar optimismo, para dar aliento, para infundir ánimo y para sellar un brindis grupal o individual. Un skål es también un cuenco, un recipiente cóncavo.
Fue papá quien nos enseñó a brindar. Él nos explicó, desde muy chicos, que el brindis es un acto solemne: siempre se brinda de pie, con la copa en la mano derecha y mirando fijamente a los ojos de la persona con quien se lo comparte.
Y después de tomar el sorbo con que el brindis se perfecciona, hay que volver a levantar la copa hasta la altura de nuestros ojos y mirar nuevamente a los ojos de quien o quienes brindan con nosotros. Es recién con ese gesto final que la ceremonia del brindis culmina.
Por supuesto, la gran mayoría de las veces uno descubre que los demás no respetan esta liturgia, ya sea porque no la conocen (lo más probable) o porque el exceso de brindis los ha puesto más allá de cualquier solemnidad (también bastante probable).
¿Y por qué la ceremonia del brindis requiere tanto protocolo, tanta formalidad? Porque se trata de un momento muy especial. Porque brindar significa compartir: compartir con emoción un recuerdo, una celebración, un deseo o una esperanza. Al brindar evocamos juntos un pasado feliz o invocamos -juntos- un futuro venturoso.
El brindis es optimismo, es compromiso, es estímulo, es comunión; es un pacto con el otro, es participación y es vínculo; es una alianza que se sella en pos de un objetivo común; es adhesión a un anhelo, a un homenaje o a una ofrenda. Brindar es abrazar juntos una ilusión, aferrarse a un augurio, a un presagio de dicha; es identificarse con un propósito, una quimera, un delirio o un plan.
Brindar -al fin y al cabo- es plantarse de pie frente a la vida para decirle: aquí estamos y hacia allá vamos.

Después que falleció papá, mis hermanos y yo nos reunimos un mediodía para convenir una serie de cuestiones familiares, especialmente respecto al futuro de mamá y cosas por el estilo. Estábamos los tres en una cervecería y alguno propuso que lo homenajeáramos brindando por él. Así lo hicimos y aunque ya no estaba entre nosotros, ese día brindamos con él. Concluido el brindis yo dije: «Cada vez que tome vino, champán o cerveza, de ahora en más, voy a brindar con él». Desde entonces cumplo invariablemente con mi promesa, esté donde esté.
Y cada vez que, copa en mano, me digo en silencio a mí mismo “skål” -mirando hacia su sonrisa inconfundible, allá arriba- siento que mis manos se estiran y lo abrazan, y que durante ese mágico instante me invade la profunda paz que él siempre supo irradiar. Y si eso no es la felicidad, se le parece demasiado.
Entonces le agradezco una vez más a la Vida el haberlo tenido y todo lo que me inculcó. Además de enseñarme a brindar.
Por una vida llena, brindemos…

25 respuestas
Muy bueno el artículo Dickie.Desconocía el sentido que tiene el ritual del brindis.Te felicito por lo bien escrito y por tu sensibilidad.Un abrazo!
Muchas gracias por el comentario, Jorge.
Abrazo grande.
Dickie querido!! Siempre ayudando a desaznarnos!! Abrazote y…skál!!
¡Muchas gracias, Martín…!
Abrazo grande…
Dickie.
Esto es para aquellos como yo, que ignoraban lo profundo y sabio del brindis.
Por ello , brindo con vos y tú hermosa Familia, con el sentir de lo que n.me hiciste conocer.
Muy feliz 2022.
Muchas gracias, Flaquito querido…
Seguimos siempre en contacto, a pesar de la distancia y el tiempo que pasa sin que nos encontremos.
Abrazo grande…
Excelente artículo Dickie, no solo muy bien escrito y entretenido, también me permitió conocer significados y orígenes que desconocía por completo.
¡Muy interesante!!!
Algo no menor, tiene un profundo contenido afectivo, una cuerda que tocás muy bien. En ese sentido el anteúltimo párrafo, el de los brindis con tu viejo, me encantó, es muy emotivo.
Skål!!!!
Muchas gracias, Alberto…
Ese párrafo es casi una confesión que me atreví a hacer después de diecinueve años que hace que papá se fue.
Quizás necesitaba compartirlo.
Abrazo grande y ¡skål…!
¡Excelente! Me encantó.
Gracias, Maxo…
Skål……y todo lo q representa!!!! Abrazo
Excelente.
Skål..!! 🍻
Es hermoso TODO lo referido al brindis.
Casi todo, lo hago a conciencia.
Pero me faltó algo :
De ahora en adelante, brindaré por mi MAMÁ.
Síííí… claro que es hermoso, porque brindar significa compartir…
Te vas a sentir muy bien brindando CON tu mamá de ahora en adelante.
Gracias por el comentario.
Skål..!
Skål..! Silvia, y Skål..! Federico…
Gracias por las devoluciones…
Recuerdo claramente el gesto de nuestro padre una vez “chocadas” las copas: llevar la suya a la altura de sus ojos y cruzar durante un segundo nuestras miradas, antes de seguir con los demás presentes.
Esto de daba un valor de verdad al augurio de un tiempo mejor.
Gracias Dickie por el artículo!
Gracias, Willie…
Por supuesto que lo recordás, ya que en casa hemos compartido incontables brindis familiares y el skål siempre estuvo presente.
La imagen de Guica levantando la copa y mirándonos fijamente a los ojos a cada uno de nosotros es -por suerte- imborrable.
Abrazo y gracias por el aporte.
Recuerdo claramente el gesto de papá después del choque de copas llevando la suya a la altura de los ojos, manteniendo la mirada por un segundo antes de tomarla.
Ese ritual incorpora el mirarse, que no es habitual en los brindis numerosos.
Muy buena la nota…
Skol, Randrup !
Muy bueno lo que escribiste y como lo cuentas, especialmente lo referido a tu familia. Gracias
Hola… Muchas gracias…
Si sos quien yo creo, fuimos vecinos en nuestra niñez. Nosotros vivíamos en un departamento en calle 1 entre 47 y 48 de La Plata.
En la esquina de 1 y 48, en la misma manzana, vivía la familia Eliggi que tenían dos hijos: Jorgelina y Gabriel. ¿Son ustedes?
Abrazo.
Así es, fuimos vecinos muchos años. Abrazo grande
Qué buen artículo, Dickie! . Con él se aprende, se disfruta de buena literatura y se caen las lágrimas. El año que viene brindaré con varios queridos que ya se fueron.
Felicitaciones!
Muchas gracias, Matide; me alegro de que te haya gustado.
Pero no necesitás esperar hasta el año que viene para brindar con tus afectos que ya se fueron.
Podés hacerlo esta misma noche.
Muchos cariños para todos ustedes.
Espectacular, Dickie!!
Gracias, Eddy… Vos has sido partícipe de las charlas en que fuimos instruidos en la ceremonia del brinidis, en los incontables «SKÅL” que compartimos en casa, y también de la charla aquella en la que prometí, de allí en más, brindar siempre con papá.
Mantengo la promesa, ya desde hace tiempo con el agregado de mamá.
Y no sabés qué bien me hace…
Abrazo.