Ensoñaciones

by Dickie Randrup

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El abominable Dr. Figueroa

Durante muchos años  -más de cuarenta-  ejercí mi profesión de contador público en el ámbito judicial, desempeñándome como síndico en quiebras y concursos preventivos en el Fuero Nacional Comercial y en diversas jurisdicciones de la Provincia de Buenos Aires.

El ejercicio de esta actividad me obligaba a viajar frecuentemente a Azul, Olavarría, Tandil, Dolores, Mar del Plata, Mercedes, Morón, Quilmes y Ciudad de Buenos Aires.

En cierta oportunidad fui sorteado para actuar en una quiebra radicada en una de esas ciudades del interior provincial, así que allá viajé desde La Plata para conocer los antecedentes del caso, tomar intervención en el expediente y ponerme a disposición del juez ante el cual tramitaba la causa.

El magistrado en cuestión, a quien en resguardo de su verdadera identidad llamaremos aquí “Figueroa”  -Dr. Figueroa-, me recibió en su despacho con gran amabilidad y consideración hasta que en el curso de nuestra conversación supo que yo no tenía mi domicilio en esa ciudad sino en La Plata.

A partir de ese momento, para mi total sorpresa, se tornó sumamente hosco y descortés, sosteniendo que yo no podría ejercer el cargo si vivía “en la otra punta de la Provincia”  -esas fueron sus palabras-  y que lo mejor sería que declinara mi designación.

Su objeción no tenía respaldo legal y yo estaba sumamente molesto con su infundada presunción de que no podría cumplir con mis obligaciones, por lo que me negué terminantemente a renunciar, le agradecí el tiempo dispensado y me levanté para retirarme de su despacho.

A despecho de su formación y de su investidura, algunos jueces no se llevan bien con el disenso, así que se bajó del estrado y se acercó amenazante hasta donde yo estaba:

—Le prometo que tarde o temprano lo voy a remover del cargo y lo voy a sancionar para que no pueda continuar actuando…  —me dijo claramente molesto mientras nos despedíamos.

—Y yo le prometo a usted —respondí forzando una sonrisita irónica que sabía que lo irritaría aún más—  que no le voy a dar oportunidad para hacerlo ya que acostumbro a cumplir al pie de la letra con las obligaciones que la ley me impone.  Buenos días, doctorrrrr…

En tantos años de profesión nunca había tenido un intercambio tan fuerte y tan agresivo con un magistrado.  El Dr. Figueroa me había impresionado muy mal, no tanto por su carácter extremadamente fuerte sino por su temperamento áspero y mordaz, y su trato desconsiderado y desafiante hacia otro profesional.  Así que supe, desde el principio, que debería extremar mis esfuerzos para no cometer el menor error en mi tarea ya que sería inmediatamente aprovechado en mi contra por mi flamante nuevo enemigo.

Cabe aquí aclarar que si bien en las quiebras el síndico goza de autonomía técnica e independencia de criterio, en los aspectos ejecutivos está subordinado al juez, quien es el director del proceso y ejerce sobre aquél su poder disciplinario, aunque siempre en el marco de la ley.

En los meses siguientes se desarrolló una cruenta pulseada entre sus desmedidas exigencias  -la mayoría de ellas improcedentes y abusivas-,  y mis esfuerzos para cumplir en tiempo y forma con sus requerimientos para no darle oportunidad a su amenaza de sanción.

Finalmente, tiempo después  -sin motivo real alguno e inventando una falta que yo no había cometido-  el Dr. Figueroa cumplió su promesa y me removió arbitrariamente del cargo.  Además rechazó mi apelación ante la Cámara y me condenó a no poder continuar ejerciendo mi actividad en esa jurisdicción.  Cansado de no encontrar la vía “limpia” para ejecutar su amenaza, el Dr. Figueroa apeló a una artimaña desleal y me sacó arteramente del medio.  El magistrado había mostrado la hilacha, pero en los hechos me había ganado la pulseada.

Fue tanta mi indignación y mi impotencia que me juré a mí mismo que si alguna vez me cruzaba con él fuera del Tribunal, le diría en la cara todo lo que pensaba y que, de ser necesario, terminaríamos a las trompadas.  Hay ciertas actitudes que, entre hombres, no admiten otra salida…

Pasaron algunos años.  Varios.
Estando de vacaciones en Pinamar me desperté una mañana con una espantosa sensación de vértigo, con el mundo entero girando desenfrenadamente a mi alrededor y una imposibilidad total para mantenerme en pie sin ayuda.  “Síndrome de Ménière”, diagnosticaría horas después el médico.  

Con gran esfuerzo para sostenerme en posición vertical, mi esposa Lidia Estela me trasladó hasta el centro asistencial.  Y allí estábamos, esperando la atención médica     -con ella sentada a mi derecha, sosteniéndome del brazo para que yo no me cayera, y un asiento vacío a mi izquierda-,  cuando de pronto llegó un individuo y se sentó en el lugar libre, a mi lado.

Mi cerebro no procesaba muy bien la realidad circundante  -que seguía girando caprichosamente en torno a mí-  pero en un resto de lucidez reconocí claramente a mi vecino de asiento… ¡el abominable Dr. Figueroa!

El Destino somete al hombre a designios insondables y muchas veces sorprende con jugarretas inesperadas. Tanto tiempo acumulando rabia, esperando la oportunidad para cruzarme con este tipo que me había jugado tan sucio, y la fatalidad me lo sentaba al lado cuando yo estaba en el peor de mis momentos…

Mi estado era realmente deplorable, pero la bronca acumulada era enorme y yo tenía un juramento que cumplir, así que giré hacia mi derecha y le dije a Lidia Estela, que por supuesto era ajena a todo eso: “A este que tengo sentado al lado lo tengo que cagar a trompadas…” 

Abrió los ojos espantada creyendo que yo estaba alucinando, y le dijo a la secretaria: “Señorita, mi esposo está muy mal, ¿no podrá el doctor verlo ya mismo…?”

En ese preciso momento se abrió la puerta del consultorio, el médico pronunció mi apellido y mi asustada esposa me tomó fuertemente del brazo y literalmente me arrastró hacia adentro.

Cuando salimos del consultorio rumbo al hospital, donde estuve internado varias horas, el Dr. Figueroa ya no estaba.

Y así fue como quedó incumplido mi juramento…

…hasta ahora.

Dickie Randrup

Dickie Randrup

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32 respuestas

  1. Dickie, no pude dejar de sonreír durante todo el tiempo que me llevó leer tu crónica !!! Excelente relato
    Espero que no muy lejos de estos días, vuelvas a encontrarte con dicho personaje, que en ese momento no te sientas mareado y que puedas al fin, cumplir tu deseo
    Excelente los dibujos que acompañan tus palabras.
    Abrazo

  2. Me gustó este cuento inconcluso. Falta el remate (vos lo anuncias), pero la situación es prometedora. Quedo a la espera de que se devele.
    En cualquier caso me siento alagado y feliz por la dedicatoria.

  3. Noooo…! Me muero. Ese final nos deja con las ganas de saber como iba a ser lo que ud. hubiese cumplido. ‘Que la verdad no mate una buena historia’.
    Ricardo: aunque esté comprendido dentro de las generales de la ley por haber sido su empleado, su palabra y su promesa para mi eran más importantes que la ley

  4. Dickie segui el cuento en detalle porque las palabras y el relato lo hicieron muy ameno. Esperemos que en algun futuro tengas otro inesperado encuentro con el Dr Figueroa asi tebemos un final. Me encanto leerte y gracias por compartirlo

  5. Muy bueno Dickie!!! Ansiosamente espero la segunda parte de este relato con “piñas”. No tan intenso como el tuyo, pero en mi corta actuación en el fuero judicial como “auxiliar de la justicia” también tuve mi encontronazo con un juez que menospreciaba nuestra profesión. Abrazo

  6. Esas son las situaciones que, por inesperadas e imprevistas, uno se queda luego rumiando largos años:
    Por qué no hice tal cosa o le dije tal otra?
    Se me ocurre, por ejemplo, que entrando ya en el consultorio, podrías haber vuelto la cara y largarle, antes de cerrar la puerta que te dejaría totalmente a salvo: Esta vez te salvó la campana Figueroa, la campana, el doctor y mi esposa…
    Excelente!!!! como nos tenés acostumbrados
    Abrazo grande Dickie!!!

    1. Te aseguro, Alberto, que no estaba en condiciones de hacer nada de eso que sugerís… ¡apenas podía mantenerme en pie..!.
      De hecho, estuve internado varias horas después de eso, hasta que el Universo dejó de girar dentro de mi cabeza.
      Muchas gracias, amigo, por tu devolución, siempre tan apreciada.
      Abrazo fuerte.

  7. Dickie. Como abogado acostumbrado a tratar durante mas de 50 años con personajes como el Dr. Figueroa, entiendo perfectamente tus insaciables ganas de tener un encuentro con el nombrado magistrado (hoy casi seguro ex). Seguramente por alguna razon que vos no sabes la vida te lo puso en tu camino en circunstancias en las que no estabas en condiciones de cumplir con lo que te habias prometido.
    Para mi ahi termino lo que tenias pendiente. Creo en el destino, y este determino que la historia debia culminar de la manera en que vos de forma clara y amena comentas.
    Te felicito, me gusta mucho leerte y te reitero que yo entiendo que la historia ya termino dado que el destino quizo que finiquitara de la manera menos querida por vos.

    1. Ah, mirá vos…
      Yo, en cambio, no creo en el destino ni en lo predeterminado.
      Pienso que al destino siempre se le puede dar un empujoncito…
      Creo que cada uno es escultor y sepulturero de su propia epopeya.
      Coincido, sí, en que muy probablemente la historia esté cerrada y que no habrá nuevos episodios.
      Gracias, Oscar, por leerme y por tus devoluciones.
      Abrazo fuerte.

  8. Dickie: si este relato hubiera tenido el final que todos queríamos…quedaba cerrado aquel juramento tuyo…
    Pero tus seguidores nos hubiéramos perdido este cuento muy divertido: nos pintaste una sonrisa y eso tiene más valor hoy 👍👍

    Coincido con Liliana en que están muy buenos los dibujos, acompañan la ironía de la historia 🤣

    1. Es exactamente así, Willie…
      Sin mi frustración no habría mucho para contar.
      En general todas las historias, las aventuras, los romances, las tragedias, nacen en el preciso instante en que, inesperadamente, el hilo de los acontecimientos se corta.
      En ese punto la historia se bifurca, la vida fluye hacia otro lado y nace algo nuevo.
      La disrupción es una gran creadora.
      No hay épica sin ruptura.

      Gracias por tu aporte, hermanito.

  9. Dickie, vibrante tu relato. En realidad, el final esta correcto asi como fue. Si hubiera tenido la terminación que como ex-rugbier nos hiciste esperar a todos, con un par de empujones y un escándalo en la clinica, hubiera sido lo mas esperado y predictible por el lector. Pero aqui: fue: presentación de personajes, interaccion, tension, nudo, y….. el desenlace se esfuma. Buenísimo!.

  10. Que buen relato Dickie y la situación increíble. Me estaba imaginando las distintas instancias mencionadas conociéndote jaja Y bueno otra vez será… Y si no ..

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