«Quizá la felicidad sea eso, un instante donde estar, un momento cualquiera en el que las palabras sobran porque se necesitarían demasiadas para poder contarlo.» [Claudia Piñeiro: ‘Una suerte pequeña’]
Estamos en 1968. Para mayores precisiones, en la segunda quincena de marzo de ese año. Dos o tres semanas antes me habían operado el hombro derecho con motivo de una lesión que tuve el año anterior jugando al rugby, cuando en una jugada desafortunada sufrí una luxación y el brazo derecho me quedó prácticamente “colgando” del tórax.
La operación quirúrgica incluyó un injerto de hueso para taponar el hueco por donde el húmero se dislocaba de la escápula, así que el postoperatorio significó estar varias semanas encapsulado en un yeso que me inmovilizaba desde el cuello hasta casi la cintura, dejando solamente libre el brazo izquierdo. Tuve que re-aprender, entonces, a utilizar mi mano menos hábil para una serie de actividades cotidianas que normalmente son sencillas y casi inconscientes, pero que en esas circunstancias aparecen como tremendamente complicadas. Por ejemplo, lavarme los dientes, afeitarme, comer y varias más.
Pero volvamos al principio, a marzo de 1968. Estoy caminando por la rambla de la avenida 51, hacia Plaza San Martín, en La Plata. Llevo una camisa muy amplia que me cubre parcialmente el torso: con solo el brazo izquierdo pasado por la manga correspondiente y el brazo derecho con toda la coraza de yeso apenas cubierta por un poco de tela. Una imagen lamentable, sin duda.
Hoy en día hubiese salido directamente sin camisa, con solo la armadura de yeso cubriéndome el tórax, pero por aquel entonces las normas sociales indicaban que para salir a la calle había que estar mucho más cubierto. Nadie salía en pantalones cortos, por ejemplo. Así que improvisando con una camisa de mi padre, que todavía era algo más corpulento que yo, me cubrí como pude y salí.
Camino, como dije, por la rambla de avenida 51 cuando unos cuantos metros más adelante veo a un muchacho que camina en sentido contrario y que, al verme así, se detiene con los brazos abiertos y luego se agarra la cabeza en señal de sorpresa. Es Carlos Pachamé, titular indiscutido del plantel de Estudiantes de La Plata dirigido por Osvaldo Zubeldía.
Nos conocemos desde hace unos años cuando ambos íbamos al Club de Regatas e integrábamos un grupo en el que jugábamos al vóley, al básquet y al tenis criollo. El deporte, se sabe, tiene la particularidad de derribar barreras y allanar caminos. Así que haber compartido alguna actividad deportiva nos ubica en una escala especial, diferente. No somos amigos íntimos pero somos bastante más que solo conocidos.
–¡¡Dickie…!! ¿Qué te pasó? –pregunta sorprendido cuando estamos frente a frente, así que le cuento de mi lesión, de la operación quirúrgica y del yeso que debo soportar todavía por varias semanas más.
Estudiantes acababa de llegar de Perú, donde se había enfrentado con Universitario de Lima por los cuartos de final de la Copa Libertadores. El partido había sido durísimo, con derrota 1 a 0 y un saldo de cuatro titulares lesionados: Manera, Pachamé, Malbernat y Aguirre Suarez.
–¡¡Pero, ché…!! –protesta Pacha después de escucharme– Te veía caminar con todo ese yeso y pensaba, qué mala suerte… Primero Manera, luego yo, Cacho Malbernat, el Tucu Aguirre Suárez, y ahora vos…
Lo dijo con tanta espontaneidad y sencillez, con tanta convicción, que al instante percibí que de manera inesperada y mágica se me estaba cumpliendo un sueño imposible: el de integrar junto a mis ídolos el plantel de Osvaldo Zubeldía que luego ganaría todos los títulos, todas las copas.
Así era -y así es- Carlos Pachamé. Una fiera dentro de la cancha, capaz de deglutirse crudo a un rival, pero también un tipo muy afable y simpático fuera de ella, capaz de transmitir afecto y calidez aún sin ser grandes amigos.
Si no hubiese tenido el brazo inmovilizado por el yeso le habría dado un abrazo ahí mismo.
A Carlos Pachamé y al resto de mis compañeros de aquel plantel, con afecto, admiración y agradecimiento.

Carlos Pachamé, 1968
18 respuestas
Muy linda anecdota Dickie. Me imagino lo que debes haber sentido, aunque sea por una circunstancia extraña y desagradable para vos, considerarte parte de aquel glorioso e inolvidable equipo de Estudiantes.
Síííí, fue sorprendente y extraño.
De pronto me sentí ‘dentro’ del plantel.
Gracias, Oscar. Abrazo.
Querido Dickie.
Gracias mil por tenerme presente, «»tan lejos pero tan cerca»», como escriben los mexicanos ( a la inversa) sobre su frontera con USA.
Yo te siento así: TAN CERCA SIEMPRE.
Para Óscar abrazo, esperando que no tenga cicatriz de herida en Lanús.
Y para vos , que .mencionaste a Manera, Pachamé, Malbernat y Aguirre Suarez, dejame que recuerde al Chango Cárdenas, uno de los pocos de Racing, que me hicieron feliz.
Abrazo grande y nos vemos en pocas semanas.😁😁
Gracias, Charlie querido…
Creo que te lo dije antes: la distancia no existe.
Como no recordar el golazo aquel del Chango Cárdenas, gritado por casi todo el país, yo entre ellos…
Abrazo y hasta pronto. Te espero con la raqueta lista.
Excelente, Dickie! Brillante descripcion objetiva y subjetiva del encuentro. En un instante, Pachamé te abrió la puerta de ingreso al grupo intimo de los campeones.
Gracias! Yo me sentí así, totalmente integrado, pero después no pude jugar mucho, jajaja..
Hola Dickie, como siempre una grata sorpresa cada relato tuyo.
Un episodio nada fuera de lo común, un texto sencillo para contarlo con pocas palabras…pongamos que sí.
Sin embargo, me atravesaron todas estas imágenes y recuerdos mientras te leía:
Pachamé, uno de los grandes, a quién no traté nunca pero tengo para mí que ha sido siempre tal cual lo describís.
Manera, Malbernat, Aguirre Suárez, imposible ser pincha y no emocionarse con solo mencionarlos. El primero creo que no volvió nunca bien después de esa lesión.
La inmensa, inmensa mayoría de los mortales solo recordaría esto como una anécdota más, solo unos poquitos son capaces de encontrarle otra vuelta y crear una historia que mueva a los demás. Tenés la fortuna de estar entre esos pocos.
Celebro tu elección en la cita de Claudia Piñeiro, una enorme escritora.
Felicitaciones Dickie!!!
Uf! Qué pedazo de devolución te mandaste, Alberto. ¡Gracias…!
Sos siempre exageradamente generoso con tus apreciaciones, que intento tomar como una demostración de afecto.
Respecto a Claudia Piñeiro, he leído varios de sus libros y siempre me deslumbra por la forma en que escribe, pero especialmente por su agudeza para describir ese universo tan desconcertante que es para nosotros la mente femenina.
Gracias otra vez por tu aporte.
Un abrazo enorme.
Simplemente genial
Muchas gracias, Negro querido…
Abrazo grande!
Excelente anecdota.!
No te la conocia, la tenias guardadita…
¿No la conocías? Qué raro…
Siempre me quedo con la sensación de que cuento demasiadas veces las mismas cosas, jajaja….
Gracias por el aporte. ¡Abrazo!
Dickie: sabes que no soy pincha! Pero tuve la suerte de conocer bastante bien a Carlitos Pachame, a Cacho Malbernat y a Madero. Carlitos venía a jugar al fútbol con nosotros a la cancha del Colegio de Abogados en Villa Elisa y nos ordenaba dentro la cancha, gran persona. Cacho lo conocí cuando viví un año en el edificio de 7 y 48. Su hermana tenía un local en la galería Rocha del lado de 48. Así que lo veía permanente y charlábamos mucho de nuestros deportes. Y a Madero lo conocí ya como médico en el Hospital Italiano de Buenos Aires, excelente persona. Como ves no soy un fanatíco que no sabe reconocer lo bueno, a pesar de no formar parte de ese Club!! Te felicito por tu ensoñación! Tenes un don narrativo muy bueno!! Abrazo
Muchas gracias, Alberto.
Nos conocemos desde hace muchos años, hemos compartido muchos momentos inolvidables y también de los otros, los que hacen la vida de todos los días.
Sé muy bien que no sos fanático y aun si lo fueras, no tengo dudas de que serías suficientemente objetivo para reconocer los valores de los tres grandes que mencionás.
Madero participó como ayudante del cirujano en una de mis operaciones, a Cacho lo traté circunstancialmente, pero con Pacha tengo todavía hoy una relación más o menos cercana. Un gran tipo.
Gracias por tu aporte. Abrazo grande!
Dicky,que emoción, tuve al leer tu descripción ,cuando nos encontramos en la calle, y tuvimos ese encuentro, porque lo recuerdo como si fuera hoy.
Mencionaste también,cuando nos encontramos en el Club de Regatas, haciendo ,no solo deportes, sino también las relaciones,con quiénes nos conocíamos en el Club. Agradecerte por la mención que haces y sabes que te tengo un gran cariño y me encanta, leer tus libros ,donde dejas ,tus anécdotas y además el gran afecto, hacia un grande como Miguel Ignomirielo, nuestro gran maestro, en nuestro ingreso al fútbol amateur, el afecto de siempre y destacó tu gran pasión por la escritura, donde pones de manifiesto, tu gran pasión por el pincha y el afecto hacia nosotros, los jugadores,que tenemos el orgullo de representa a nuestro,glorioso Estudiantes de La Plata,abrazo grande ,de quién te aprecia y admira. Abrazo Pincha!!!!!!
Muchas gracias, Carlos por todo lo que decís.
Han pasado muchos años y no hemos tenido un contacto muy estrecho en todo este tiempo, pero los afectos de la juventud tienen una fortaleza muy especial que trasciende al tiempo.
A eso se suma, en mi caso, la admiración y el agradecimiento que me genera tu carrera como futbolista a la que seguí prácticamente partido a partido. No pude estar en Manchester, pero sí estuve en el entrañable Estadio Centenario de Montevideo todas las veces, y ni hablar de los partidos aquí en el país.
La pasión por Estudiantes es muy pero muy fuerte y aquel plantel que integraste dejó una huella eterna.
Varias veces cuando hablamos de fútbol le he dicho a más de un amigo: «Querés saber cómo tiene que jugar un número 5, mirate el video del partido de Estudiantes en Old Trafford y seguilo a Pacha…»
Abrazo grande y gracias por tu aporte.
Qué linda anécdota!!….. de esas cortitas pero muy grandes en el corazón!!….. y va tomando más valor cuando de esos gladiadores lesionados solo quedan el Pacha y vos. Es «el sueño del pibe» no importa la edad.
Abrazo tetracampeón…. o mejor decir…. «de la lata del 68»
Sí, es verdad…
Y si bien fue un encuentro breve (aunque impactante para mí), que Pacha lo recordara perfectamente a pesar del tiempo transcurrido -como surge de su propio comentario más arriba-, me llenó nuevamente de emoción y alegría.
Gracias por tu aporte. Abrazo.