Ensoñaciones

by Dickie Randrup

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El don

Con Ramón recorrimos juntos gran parte de nuestras vidas.

El trayecto se inició a principios de los 50 cuando él vivía en la esquina de 1 y 47, y yo a media cuadra, en la vereda de enfrente.  No nos veíamos porque éramos muy chicos, pero ya éramos vecinos. 

O quizás comenzó bastante antes y nunca lo supimos, porque en ese mismo barrio su padre  -otro Ramón, muy simpático, a quien recuerdo con su gran parecido a John Wayne- había fundado en su juventud junto con mis tíos Sbarra y otros chicos del barrio, un club de fútbol al que bautizaron América.

Transitamos juntos, compartiendo el aula, toda la etapa primaria en la Escuela Anexa, luego toda la secundaria en la Escuela Industrial, y también nuestros primeros pasos en la Facultad de Ingeniería, hasta que terminado el primer año yo cambié de carrera, en 1966.

Escuela Anexa, 1958

Por entonces nuestros caminos ya estaban también unidos por otros lazos porque Laura, su novia y luego esposa, era amiga y compañera de la secundaria y más tarde de la facultad, de Lidia Estela, mi novia y luego esposa.  Así que los cuatro compartíamos nuestras salidas de fin de semana y también muchas de nuestras vacaciones.

Frente a los vaivenes de la vida nuestra amistad se mantuvo siempre sólida, y creció y se fortaleció con el correr de los años.  Puedo decir entonces que quizás yo haya sido quien más cerca de Ramón se mantuvo a lo largo de casi siete décadas.  Tal vez por eso mismo lo recuerdo y lo extraño cada día…

Podría hablar de su actitud siempre positiva, de su cordialidad, de su energía emprendedora, de su sensibilidad artística, de su generosidad para convocar amigos en La juntada (su atelier, ese espacio cálido y entrañable hecho tan a la manera y al estilo de Ramón), de su entusiasmo para acometer nuevos proyectos, de su equilibrio, de su mesura, de su educación, de su resplandeciente amor por la vida.  Con ese envidiable equipaje espiritual Ramón transitó su camino en este mundo.

Pero hoy quiero rescatar otra faceta del querido Ramón: su ingenuidad.

Esta apreciación, que podría interpretarse como peyorativa, no lo es en absoluto.  No lo es hoy, aclaro.  Pero en nuestra juventud me irritaba sobremanera. 

Aquellos veranos de principios de los 70, cuando con Laura y Lidia Estela recorríamos juntos gran parte de la Patagonia, Ramón solía sacudirme con frases como:  Mirá qué lindo el volcán Lanín… un día de estos podríamos escalarlo… 

Y yo me exasperaba explicándole que el Lanín tenía casi 3.800 metros, que con su cumbre siempre nevada estaba reservado para andinistas expertos, bien equipados, y que por lo tanto era inalcanzable para simples turistas en zapatillas como éramos nosotros.  Ramón escuchaba atentamente toda mi argumentación y al final, inmutable, se despachaba con una vuelta más de tuerca: Igual, yo creo que podríamos escalarlo; no parece tan alto… 

Otra: ¡Frená, frená el auto!  Mirá el ciervo aquél (a 50 metros del camino o más), vamos a agarrarlo…

Teníamos 20 o 25 años y ese optimismo desmedido, esa candidez e inocencia con que percibía la realidad, me crispaba.  Racional, realista y propietario indiscutido de la objetividad, como yo me creía en aquel momento, me enfrascaba en largas explicaciones pedagógicas que Ramón escuchaba pacientemente, al final de las cuales, sin rebatir ninguno de mis razonamientos, se limitaba a decir:  Por más que no.  Yo creo que sí, que podríamos…

Hoy recuerdo con mucho cariño esa faceta de su carácter que entonces percibía como una tozudez infundada, que me sacaba de mis casillas y que solo toleraba al amparo del profundo afecto que nos teníamos.

Con los años  -con la mayor claridad que el tiempo les da a nuestras percepciones-  finalmente comprendí. 

Hoy sé que esa concepción optimista y candorosa del mundo humano, esa bondad o forma angélica de ser que a despecho de cualquier argumentación Ramón desparramaba permanentemente, era la que le permitía encarar la vida pensando siempre que todo es posible, que no hay límites para nuestros horizontes. 

Era, sin duda, uno de sus sellos distintivos.  Un aura, una impronta, que lo distinguía de cualquier otro.  Mucho más que un defecto, era un don.

A Ramón Barés, in memoriam, por 70 años de amistad.

Club Estudiantes, Noviembre 2018

Dickie Randrup

Dickie Randrup

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29 respuestas

    1. Gracias, Mona.
      Ramón fue un tipo que siempre despertó sentimientos positivos porque él era un tipo positivo.
      Me alegro de haber podido transmitir algo de sus sentimientos.

      La imagen central es una foto de él que yo procesé digitalmente para dejarla a mitad de camino entre la foto y el dibujo.

      Un beso y gracias como siempre por tu aporte.

    1. Gracias, Juan. Fuiste partícipe -compinche- de muchas de nuestras salidas y sabés bien de qué hablo.
      Yo me irritaba con sus respuestas y vos te divertías con mi irritación.
      Hermosas épocas aquellas..

      1. Primero que nada quiero agradecerte nuevamente Dickie por todo, por los recuerdos, por el texto, por los sentimientos (tuyos y los despertados), por mi parte y por él también.
        Y ciertamente, me acuerdo de ambas reacciones. De las «calenturas» tuyas, y las risas de Juan Miguel.

        1. No tenés nada que agradecer, Seba.
          Los sentimientos no se gradecen, fluyen. Y en el caso de Ramón fueron tan intensos como extensos.
          Tuve la oportunidad de expresarlos y compartirlos y fue un placer hacerlo.
          Gracias a vos por tu aporte.

  1. Yo también lo recuerdo a Ramon con mucho afecto. Era un tipo fino y muy agradable en la conversación. Recuerdo tu comentario de que Ramon tenia sugerencias inesperadas, que por ser él tan medido te dejaban perplejo, proponiendo acciones completamente irrealizables. Por la falta de logica, yo te preguntaba «Pero no es ingeniero??» Es que alli radicaba la belleza de lo que el decía: el mérito era ser ingeniero y aun tener la mentalidad de creer en lo imposible.

    1. ¡Exactamente! Así, tal como lo recordás, era Ramón.
      Ingeniero, inteligentísimo, con una intensa formación en todas las disciplinas racionales. Sin embargo, a pesar de ello, la lógica siempre sucumbía frente a su fantasía y sus sueños, que jamás consideró irrealizables. Ése es el don del cual hablo.
      Abrazo.

  2. Yo no conoci a tu amigo Ramon Dickie, pero la descripcion que haces de el denota el gran cariño y afecto que seguis teniendo por esa persona que evidentemente ha marcado tu vida.
    Me gusto mucho como describiste la personalidad de Ramon, y sobre todo, como arribaste a la conclusion que las facetas de su caracter no eran un defecto, sino un DON.
    Te felicito.

  3. Hermosa semblanza de Ramón!.Me acuerdo del padre,un hombre alto y elegante,muy simpático y muy presente(no era muy común ver al padre acompañando al hijo en la escuela).A Ramón lo vi por última vez hace unos años en Chascomús,visitando a un artista plástico amigo(José Otondo).

    1. Gracias por tu aporte, Jorge.
      Ramón siempre tuvo una vena artística importante. Desde muy chico dibujaba muy bien.
      Dedicó la última etapa de su vida a la escultura, con obras muy originales, y participó de diversas exposiciones en Buenos Aires.
      Abrazo fuerte.

  4. El aire cuadrado y cubico de cualquies espacio ,tomaba importacia cuando aparecia Ramon. Tuve el gra gusto de conocerlo cuando estaba con Claudia Duran.

    1. Jajaja… «el aire cuadrado y cúbico de cualquier espacio tomaba importancia cuando aparecía Ramón…»
      Un hallazgo originalísimo esa frase, Carlos. En cualquier momento te la pido prestada (citando la fuente, claro…)
      Muchas gracias por tu singular aporte. Un abrazo.

  5. Dickie siempre escribiendo divino yo conocí a tu amigo Ramon y así esposa Laura los veía en tu casa de calle 4 que hermosa semblanza de su carácter , distinto al tuyo a la vez complementario esto me hace reflexionar de mis amigas de la vida que voy a hacer yo cuando no estén , hermosas palabras ojalá cuando no esté me
    Recuerden así las fotos divinas

  6. Recuerdo a Ramon delgado fino y amigo tuyo y de lidiestela con Laura un hombre fino y
    Educado hermoso escrito de un amigo que se fue siempre escribís divino a él y a todos analia

  7. Empecé mi amistad muy precozmente. El vivía en 43 y 10 en un edificio muy lindo que fue declarado de interés patrimonial de la Ciudad. Los 100 más de su Dto a mi casa no eran nada, y además coincidimos en el jardín de la Anexa y la primaria que compartimos. En muchas ocasiones íbamos juntos en el auto de los Ostroski, o de Tortora que era compañero de Rayo. Nos dejamos de ver al terminar la Escuela y separarnos. Nuestros encuentros fueron esporádicos , quizás una docena en 60 años, pero cada uno demostraba que el afecto infantil era inquebrantable. Ricky tu recuerdo removió hermosos días”ejanos y los trajo al presente. Gracias

  8. Qué buena semblanza Dickie, me encantó!!!
    Y celebro también (alguien lo marcó muy bien en comentarios anteriores) tu conclusión sobre que aquello que te irritaba tanto no era un defecto, sino todo lo contrario, un don. Cualidad difícil, a priori, en alguien que muy formado en lo racional sabía de encontrar fantasías y soñar quimeras.
    Conservo muy lindos recuerdos de Ramón, tuvimos una relación estrecha y cotidiana en los últimos años.
    Gracias, gran abrazo!!!

    1. Gracias, Alberto. Ramón tuvo la entereza y la presencia de ánimo de organizar aquel asado en su atelier de Villa Elvira donde juntó a sus amigos de diferentes ámbitos, varios de los cuales no nos conocíamos entre nosotros.
      No lo supe en aquel momento pero descubrí después que ese gusto que él se dio fue la forma que eligió para despedirse cuando vislumbró que su tiempo se acababa.
      Ese día nos conocimos vos y yo, y siempre me quedó la sensación de que inconscientemente Ramón me dijo, sin decirlo: «Mirá, Dickie, éste es Alberto, un buen tipo del que es un gusto ser amigo. Yo me estoy yendo ahora, pero tomá vos la posta, que vale la pena…»
      Y aquí estamos, recordándolo con todo el afecto que se supo ganar.
      Gracias, como siempre, por tu aporte. Un abrazo.

  9. Admirable también la composición que hiciste de su imagen!!! Chapeau!!!
    A Ramón, un tipo súper talentoso, le hubiera encantado

  10. Así como el empecinado amor por la vida de Ramón, traspasaba toda lógica, la tremenda amistad que se tuvieron ustedes dos, atraviesa los límites que impone la vida misma. Un abrazo Dickie

    1. Muchas gracias, Claudia. Lo conociste muy bien y sabés que ese «empecinado amor por la vida» es una forma fantástica de definir a Ramón si solo pudiésemos utilizar cinco palabras. Gracias por tu comentario.

  11. Hermoso Pa..!!!
    Recuerdo un día, con Seba fuimos a un taller/estudio que él tenía creo que por calle 1. Se le ocurrió que podíamos hacer dos kartings a rulemanes. Con Seba no lo podíamos creer. Y le destinaron, él y otro flaco que laburaba ahí, toda la tarde al armado.
    Tornearon maderas, cortaron tablas, consiguieron 8 rulemanues increíblemente grandes y nos fuimos de ahí con dos naves espaciales.

    1. ¡Qué buen recuerdo, Fede!
      Ese taller estaba en calle 1 casi 528, frente a las vías del ferrocarril, donde durante un tiempo funcionó su empresa.
      Como artista que era, Ramón tenía mucho de artesano, así que seguramente se entusiasmó con la idea de construir los carritos tanto o más que ustedes.
      Seguramente Sebastián también recuerda la anécdota.
      Gracias por compartirla…

    2. Totalmente, y creo ese mismo día, si no habrá sido el siguiente fuimos a tu casa (53) a tirarnos por las rampas de la catedral con los dos carros.
      Me vinieron las fotos de eso automáticamente con tu recuerdo.
      Y me gustó tu «sorpresa» de algo que por mi parte tengo o tenía casi normalizado, porque desde chico esas empresas constructivas y de experimentos fueron casi una constante.
      Abrazo Fede

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