«La vida es un préstamo.»
Esta frase, tan breve y rotunda; esta sentencia, antiquísima en su origen y concepción, encierra una de las verdades más profundas y a la vez más incómodas sobre la existencia humana. No es una metáfora poética cualquiera: es una declaración contable, y hasta jurídica, sobre nuestra condición.
Nacemos sin haber firmado nada. Nadie nos consultó. Un día abrimos los ojos y ya estábamos endeudados: con un cuerpo que se desgasta, con un tiempo que se consume y con una conciencia que nos obliga a intentar darle sentido a todo esto, aun cuando no podamos comprenderlo.
La vida nos es dada como se da un crédito: con intereses.
Esos intereses se llaman responsabilidad, dolor, elección, pérdida y -sobre todo- la certeza de que algún día habrá que devolverlo todo.
No hay moratoria ni quita posible.
La muerte no es un castigo, es la fecha de vencimiento del préstamo.

¿Y a quién le debemos la vida? Aquí la metáfora se vuelve filosófica y hasta teológica, según cómo la miremos.
Para el ateo existencialista, le debemos la vida al absurdo. Al puro azar cósmico. Y como no hay acreedor consciente, la única forma digna de pagar es creando nuestro propio sentido. Vivir como si hubiéramos elegido esta deuda.
Para el creyente, el préstamo viene de Dios, de la Vida misma, del Universo. Devolverlo significa haberlo vivido con gratitud, con propósito, con amor. Algunos agregan que el interés se paga con buenas obras, con trascendencia, con dejar el mundo un poco mejor de como lo encontramos.
Para el estoico, el préstamo es de la Naturaleza. Y la forma más elegante de saldarlo es nunca quejarse de las condiciones del contrato. Aceptar las cláusulas (dolor, placer, ganancia, pérdida) con entereza y aplomo.
En cualquier caso, la vida es lo único que realmente no nos pertenece. Solo la tenemos en custodia.

Cada día es una cuota que pagamos. A veces la pagamos con esfuerzo, otras con alegría, otras con sufrimiento. Pero se paga siempre.
La salud es una cuota; el amor es una cuota (a veces la más cara); el tiempo que perdemos en tonterías es una cuota malgastada; cada risa, cada lágrima, cada decisión valiente o cobarde… todo abona la deuda.
Y lo más terrible -y hermoso a la vez- es que no sabemos cuál es el saldo final. No hay extracto de cuenta que nos diga cuánto falta para saldar la deuda.
Solo sabemos que un día, sin aviso, el acreedor dirá: “Se venció el plazo”.
Por eso se nos dice que hay que vivir con prisa inteligente. No postergar lo importante, pero tampoco vivir angustiado. El que sabe que debe, vive más despierto.
Cuando comprendemos que nada nos era debido, todo se vuelve regalo. El simple hecho de respirar, de ver un atardecer, de poder abrazar a alguien, deja de ser obvio.
Si la vida no nos pertenece del todo, entonces tenemos la obligación moral de administrarla bien. Desperdiciarla es la peor forma de incumplimiento.
Porque al final no nos llevaremos nada. Ni el dinero, ni los títulos, ni siquiera el cuerpo. Solo nos llevaremos cómo vivimos nuestra deuda. La calidad del pago.
Y cuando, al final del plazo, el acreedor venga a cobrarnos, no nos preguntará cuánto dinero juntamos, cuántos likes tuvimos, ni cuántos viajes hicimos.
Nos preguntará, probablemente en silencio:
—¿Qué hiciste con lo que te presté?
Y ahí, en ese momento, solo habrá dos respuestas posibles:
O una vida bien vivida, saldada con dignidad, con amor y con propósito.
O una deuda mal administrada, llena de arrepentimientos y de “hubiera podido…”
Sí, la vida es un préstamo…
Paguémosla con interés. No con miedo, sino con fuego. No con resignación, sino con pasión, con osadía. Con coraje para ir siempre al frente.
Porque al final del camino, lo único que realmente nos pertenece es la forma en que decidimos devolver el préstamo.

26 respuestas
Fantastico
Gacias, Giorgio. Abrazo!
Excelente. Lo mejor que haz escrito
Muy fuerte abrazo y felicitaciones
Uhhh… muchas gracias, Juan.
Abrazo fuerte!
Muy buena Dickie…muy provocativa a pensar…..
Gracias, Rafa…
Es un gran elogio para mí que digas que te impulsa a pensar.
Abrazo.
Muy buena tu última reflexión!!! Y bueno porque es en un «momento cualquiera», no en época acostumbrada de balances!!! Siempre está bien para reencaminarnos: en realidad , «toda vez»…
Gracias Dickie!
Muchas gracias, Mona.
Siempre presente con tus devoluciones…
Un abrazo!
Dickie. Simplemente me encantó. Una visión filosófica de la vida excelentemente descripta y escrita .
Es para leerlo y releerlo.
Te felicito por tu sensibilidad para sentir y facilidad para transmitir esos sentimientos. Abrazo.
Gracias, Oscar.
Valoro mucho que siempre aportes tu devolución.
Abrazo fuerte.
Muy buena tu interpretación de la vida y cómo lo expresás. El reloj no se detiene; jovenes y viejos avanzamos hacia el fin. El fin está escondido y no sabemos dónde está.
Muchas gracias, hermano.
Así es… el misterio de la vida nos subyuga y nos desconcierta a la vez.
Te abrazo.
Lo acabo de leer nuevamente
GENIAL
Jajajaja…. Gracias otra vez, entonces…
La pregunta que se ha hecho el hombre desde el principio y que no tiene ni tendrá una respuesta en esta vida.En todo caso cada uno podrá intuir alguna.Para los creyentes(con muchas dudas y ninguna certeza)la claridad la veremos cuando ya no estemos en este mundo.No falta mucho.
Así es, Jorge.
De todas formas, que quede claro que no tenemos ningún apuro, no?
Gracias por tu aporte. Abrazo.
Muy bueno Dickie!! A la vida hay que vivirla con interes…
Así es…
Muchas gracias, Charlie queridooo…
Un gran texto!!!
Líneas deliciosas, diría nuestro amigo Walter, que denotan y permiten descubrir en ellas el desarrollo profesional de su autor, aunque, claro… van muchísimo más allá.
Nos indagan, nos interpelan, como la vida misma.
Lo leí, lo releí, se lo leí a Kiki y se lo envié a muchos de mis amigos. Cuántas reflexiones dispara su lectura sobre los misterios de nuestra existencia.
Me encantó, Dickie!!!
Abrazo grande!!!
Ufff… sabés cuánto valoro tu opinión, querido Alberto…
Pero a veces creo que se te va la mano…
Alguien, hace un tiempo, respondiendo a un elogio desmesurado dijo algo así:
Gracias, Alberto. Abrazo fuerte..!
Comentario al margen, la edición. Muy bien buscadas las imágenes.
Sos un maestro!!!
Gracias…
Me gusta mucho la etapa de complementar el texto con imágenes.
A veces me lleva igual o más tiempo que la escritura misma, pero lo disfruto mucho.
Excelente texto… para leer, pensar y repensar. ¡Me encantó!
Gracias, Maxo…
Qué bueno que te gustó!
Siempre espero tu devolución porque sé que leés con ojo crítico y en general tenés algo importante para aportar.
Abrazo….
A través de tus escritos te voy conociendo más y más Dickie! Y este en particular me impresionó mucho y es el más lindo tema aun cuando la metáfora elegida no sea afín a mis preferencias pero entiendo de donde viene y lo importante es ese final increíble: la deuda se cobra, creyente o no creyente! Bellas imágenes acompañan el texto. Y para estos tiempos vaya un gran gran Me Gusta!
Uhhh… Muchas gracias, Cecilia, muy lindo todo lo que decís…
Gracias por tu aporte.-
Beso y abrazo para vos.