Ensoñaciones

by Dickie Randrup

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Ruptura

«Es todo silencio, la última mirada hacia atrás, saber el camino... 
Y así nada más.»   
[Vicentico: "Es solo un momento"]

Cuando él le dijo adiós y le soltó la mano por última vez, ella se sintió morir.  Literalmente.  Nunca pensó que él fuese capaz de hacerlo, pero era evidente que lo había subestimado.  Su ambición y su codicia resultaron superiores a todo lo bueno que habían compartido, y ese amor que un día  -pobre ilusa- ella creyó eterno, había sucumbido tristemente ante las desmedidas ansias de riqueza de aquel chico humilde y lindo que la había cautivado con su sonrisa franca, su pelo negro y esos ojos grises, tan grises…

Un frío intenso le atravesaba el cuerpo y un viento inesperado, muy fuerte, le revolvía la cabellera rubia, que se le pegoteaba en la cara y se le metía en la boca.  Con los ojos muy abiertos lo miró una vez más, pero un nudo de estupor le impedía hablar.  Se sentía cayendo por un abismo sin fondo y tuvo vértigo.  Se acordó de su madre y quiso llorar, pero tampoco pudo.  Giró la cabeza, vio la calle vacía, los faroles encendidos y algunos automóviles que se movían lentamente.  Todo muy lejano y muy ajeno.  La imagen de una niña hamacándose, con la cabellera rubia revuelta por el viento, pegoteada a su cara y metiéndosele en la boca, le vino de pronto a la cabeza.  La niña era ella misma, pero entonces reía y ahora no.

Volvió a girar la cabeza y se encontró, por última vez, con aquellos ojos grises, muy grises, que con la sonrisa de siempre la miraban desde la terraza del piso veintiuno donde apenas dos segundos antes ella le había pedido -le había suplicado- que no, que no lo hiciera, que no la dejara caer.  Y después, todo fue oscuridad.

Dickie Randrup

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8 respuestas

  1. Uhhh, me cortó el aliento y -de manera automática- me llevó a recomenzar con la lectura. Como si al intentarlo desde aquí, en mi pantalla, una y otra vez, pudiera torcer al fin ese destino.
    Un verdadero cross a la mandíbula!!!

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