Ensoñaciones

by Dickie Randrup

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Solo 25 años…

Hace 25 años -el 5 de junio de 1998-  envié mi primer mail.

Salió disparado desde mi flamante casilla de correo electrónico en La Plata y una fracción de segundo después aterrizó en la casilla de mi hermano Eddy, en Nueva Orleans, Estados Unidos.  Treinta segundos más tarde llegó su respuesta confirmando la recepción de mi mensaje. ¡Eureka!

Fue toda una novedad, casi un experimento para confirmar que el sistema funcionaba e inaugurar así una nueva vía de comunicación entre nosotros, que muy pronto reemplazaría a las cartas en formato papel que hasta ese momento iban y venían de un hemisferio a otro con regularidad variable.

No imaginábamos entonces el universo extraordinario que se abría ante nosotros.

Jamás pudimos prever que en los 25 años siguientes deberíamos aprender lenguajes nuevos, desarrollar capacidades desconocidas, modificar hábitos y rutinas, operar artefactos salidos de la ciencia ficción, utilizar herramientas y aplicaciones totalmente novedosas, y acuñar docenas de términos y expresiones que por entonces no existían y hoy usamos a diario en nuestras conversaciones.

Menos aún podíamos imaginar que deberíamos luego desaprender y olvidar rápidamente parte de esos lenguajes, esas capacidades y esos hábitos para reemplazarlos por otros más nuevos todavía, que también durarían un suspiro.  Y que esos artefactos y dispositivos revolucionarios, que parecían ‘cosa e’ mandinga’  y además resultaban bastante onerosos, quedarían obsoletos muchísimo antes de que exteriormente adquirieran la apariencia de viejos o usados. ¿Alguien se acuerda del Blackberry, por ejemplo? Era hermoso, inteligente, con teclado QWERTY, diseño fino y elegante, muy eficaz…

Pues bien, el Blackberry, de origen canadiense, revolucionó rápidamente el mercado mundial, a tal punto que Barack Obama, entonces presidente de Estados Unidos, se ufanaba de tenerlo y usarlo continuamente, para preocupación de sus asesores de seguridad.

Sin embargo, en menos de ocho años el Blackberry desapareció, devorado por la competencia de los iPhone y los Android.

Extrapolando la idea de que tener en cada casa un único buzón para recibir la correspondencia familiar era suficiente, supusimos que también con una casilla de correo electrónico para todos estaríamos bien.  Rápidamente advertimos que no, y comenzamos a administrar varios correos diferentes: personal, trabajo, estudio, etc.  Mientras tanto, el buzón de correo postal recibía cada vez menos correspondencia de papel hasta quedar prácticamente relegado a un segundo plano por falta de uso.

¡Y solo pasaron 25 años!


Google primero y Wikipedia después desplazaron a los diccionarios y enciclopedias, que quedaron arrumbados en algún anaquel de la biblioteca; los portales de noticias se deglutieron a los diarios y revistas de papel; Booking, Airbnb y otras páginas similares se están llevando puestas a las agencias de viaje; YouTube, Netflix y otras plataformas de streaming están acabando con los cines; Uber amenaza al transporte urbano, y el crecimiento de las compras on line fuerza a empresarios y comerciantes a reformular por completo sus sistemas de venta y la forma de exhibir y  promocionar sus productos.  El Online Banking obliga a las entidades financieras a cerrar sucursales y a instalar, en cambio, más cajeros electrónicos.

Pasamos varias horas por día frente a diferentes pantallas y teclados, y casi hemos olvidado cómo se usan el lápiz y el papel.  Nuestros hijos y nietos se convirtieron, rápidamente, en asesores y maestros  -cuando no en potenciales salvadores- de nuestras actividades cotidianas frente a la pantalla.

Las nuevas generaciones de profesionales trabajan a distancia -desde sus casas o desde el lugar del planeta donde se encuentren-  y muchas empresas están rediseñando sus espacios fí­si­cos porque sobran oficinas y mobiliario.

¡Y solo pasaron 25 años!

En este universo nuevo y por momentos abrumador en que ahora vivimos, los cambios a nuestro alrededor se suceden de manera ininterrumpida y vertiginosa.  Todo es veloz, todo es efímero.  Y por si ello fuera poco, asoma ahora un nuevo y misterioso protagonista cuya influencia y efectos nadie parece poder prever con seguridad: la inteligencia artificial…  ¿Viene para ayudarnos, viene para reemplazarnos, viene para quedarse con todo…?

Mientras tanto, ajenos a todo, los más chicos de la familia, ya antes de dejar el chupete y el pañal  -y mucho antes de aprender a leer-  deslizan sus deditos por las pantallas con seguridad, velocidad y precisión sorprendentes; sin temores ni preocupaciones frente a tanto dinamismo, tanta aceleración, tanto cambio. 

Por el contrario, más que una pelota, una muñeca o una caja llena de juguetes, démosles una pantalla electrónica de cualquier formato -celular, tablet o lo que sea- y ellos se sentirán como peces en el agua, felices de descubrir fantásticos universos de imágenes y sonidos donde nosotros solo vemos el abismo de una pantalla negra que nos paraliza.

¡Y solo pasaron 25 años!

Debo confesarlo: me siento culpable.  Nunca imaginé el caos que se desataría con aquel primer mail que envié el 5 de junio de 1998…

(*)  «Estoy capacitado para comprender y generar texto en múltiples idiomas, incluido el español. Si quieres hablar conmigo en español, simplemente escribe tus preguntas o declaraciones en español y haré todo lo posible para responder adecuadamente.»  [Chat GPT]

Dickie Randrup

Dickie Randrup

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10 respuestas

  1. Seguirán estos vertiginosos cambios produciéndose al ritmo de estos 25 años o estaremos llegando a un punto de inflexión?.La IA nos llevará un poco más lejos pero no creo que su capacidad creativa alcance a la del hombre.Habrá que ver.Por ahora la inteligencia del hombre gana.Muy buena tu reflexión.

    1. Es una gran pregunta, Jorge.
      Yo personalmente creo que sí, que la aceleración continuará; no habrá punto de inflexión en el futuro cercano.
      Pero también creo que el hombre -con su extraordinario poder de adaptación, demostrado a lo largo de milenios- siempre estará un paso adelante.

      Cada vez que algún invento o descubrimiento extraordinario hizo a muchos contemporáneos suponer que todo cambiaría para mal (los científicos rebelándose contra la religión; la imprenta de Gutenberg poniendo el conocimiento y la alfabetización al alcance del pueblo; la energía atómica destruyendo ciudades enteras pero también generando energía; etc.), el ser humano supo encontrar el camino para seguir adelante.

      Hubo -y hay- tumbos y retrocesos, y en lo personal nos cuesta aceptar los cambios, pero la Humanidad sigue avanzando.

      Es mi parecer, al menos.
      Abrazo, Jorge y muchas gracias por leer y aportar.

  2. La sociedad esta avanzando tecnologicamente a una velocidad vertiginosa. Pero hay otro progreso de la humanidad que no aparenta moverse a la par. Hay aspectos éticos, legales, morales y culturales que se estan destruyendo a la vez que construimos un mundo superficialmente deslumbrante y luminoso. Vos estas bendecido con una vision del progreso que es invariablemente optimista, por lo cual te admiro. Mi temor es que la humanidad este creando un abismo peligroso y este cada vez mas cerca del borde. No son nuestros teléfonos cada vez mas inteligentes, y nosotros cada vez mas bobos?

    1. Es verdad que tiendo a ser optimista en mis análisis, pero, como he dicho antes, a lo largo de muchos siglos la Historia nos demuestra que el ser humano se ha sabido sobreponer a los efectos negativos de los cambios por él mismo generados.
      Mientras los contemporáneos de esos cambios se agarraban la cabeza diciendo “¿Qué nos espera ahora?”, el progreso de la Humanidad seguía adelante, indiferente, implacable, a veces brutal, pero siempre hacia adelante.
      Es sorprendente que siendo la vida sinónimo de cambio y evolución permanentes, el hombre en general tenga tanta resistencia al cambio…
      Gracias por tu aporte. El abrazo de siempre, hermano.

  3. Gracias Dickie por tus reflexiones y comentarios siempre muy oportunos. Los cambios en la tecnología han sido muy rápidos y en muchos casos han sido de mucha utilidad para la humanidad. El tema de la comunicación ha sido avasallante y ha penetrado en nuestras vidas… siendo casi imposible vivir sin un celular. Cada uno sabrá cómo usarlo y no dependerá de la IA que nos informe como debemos usarlo. Muchas veces me pregunto en la era de la comunicación… si estamos verdaderamente comunicados con el otro? …con sus necesidades de ser escuchado? Es un tema que da para pensar y analizar. Más allá de todos los medios de comunicación modernos… me quedo con el diálogo personal… café de por medio… en el que uno puedo ver los gestos y el sentir del otro interlocutor… Abrazo grande

    1. Coincido, Charlie… Más allá del deslumbramiento (o la prevención) que nos generan las nuevas tecnologías, el dialogo personal, cara a cara, es insustituible.
      La calidez -o no- de la presencia cercana no puede reemplazarse con nada.
      Cuando se interpone la lejanía, los medios nos prestan gran ayuda y sirven para mantenernos comunicados.
      Pero no hay mejor comunicación que un abrazo afectuoso.
      Gracias, por tu aporte.
      Abrazo fuerte (esta vez en forma virtual).

  4. Súper interesante Dickie!!
    Es un tema que me ocupa y preocupa de manera cotidiana. Comparto de alguna manera la mirada de Eddy y en ese sentido creo que la exigencia de los correlatos éticos, morales y jurídicos se hace imprescindible. Admiro tu optimismo, también lo tengo, aunque te confieso que con frecuencia los nubarrones me lo ocultan bastante.
    Abrazo grande amigo, está muy bueno tu relato, dispara infinidad de reflexiones.

    1. Gracias, Alberto…
      Es un lindo tema para el debate, sin duda.
      En cuanto a mi optimismo debo decir que -como Borges cuando se refería a su agnosticismo- «A veces también dudo…»
      De todas formas, en el fondo, prevalece mi visión positiva.
      El abrazo de siempre y gracias por tu infaltable aporte.

  5. ¡Excelente! Muy entretenido el texto y necesario para recordar todos los cambios que vivimos desde mediados de 1998. ¡Y solo pasaron 25 años!

    Todavía recuerdo un mail que era randrup@netverk que, al principio, usábamos todos.

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