Ensoñaciones

by Dickie Randrup

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Mads, el vikingo

I:   Del barco que viene de lejos y un río color de león.  De los sueños, las esperanzas, los temores y la fuerza de voluntad amontonados en la cubierta de emigrantes.  Y de cómo aquellas sensaciones aún viven dentro nuestro. 

Una madrugada de agosto de 1907 un barco que venía desde muy lejos navegaba por el Río de la Plata.  Después de largos días de atravesar el Atlántico, el Darmstadt  -que así se llamaba-  se deslizaba, ya más lentamente, por las aguas del “río color de león”, como muchos años más tarde lo bautizaría algún poeta.  Desde una de las cubiertas del barco, la que correspondía a los emigrantes, una multitud miraba con ansiedad el horizonte intentando adivinar cómo sería esa tierra que allá a lo lejos emergía poco a poco desde la niebla.  Entre esos emigrantes había un matrimonio joven: él se llamaba Mads y ella Bertha, tenían 26 años y venían desde Dinamarca.

Esa mancha negra que crecía lentamente desde el horizonte era la Argentina, un país del cual Mads y Bertha conocían muy poco: sabían que era un país muy rico y muy grande (antes de viajar, Mads les decía a sus amigos que si se extendía el mapa de la Argentina desde Dinamarca hacia el sur, el extremo inferior llegaba hasta el desierto del Sahara, en África; por supuesto, nadie le creía, aunque era rigurosamente cierto). Sabían también que allí se hablaba un idioma totalmente extraño para ellos. No mucho más.

Habían dejado atrás nada más ni nada menos que a sus familias, sus amigos y todo lo que hasta entonces había formado parte de sus vidas, porque confiaban en construir su futuro en la Argentina, que era para ellos “la tierra prometida”, pero también un destino incierto y misterioso al que deberían enfrentarse mano a mano y en precarias condiciones.

El S.S.Darmstadt que en 1907 trajo a Mads y Bertha desde Dinamarca a la Argentina

¿Qué habrán sentido estos dos jóvenes escandinavos mientras el Darmstadt se acercaba lentamente al puerto de Buenos Aires?  ¿Cuánta emoción, cuántos miedos, cuánta esperanza y cuánta incertidumbre los habrá invadido en esos momentos en que estaban inaugurando una página nueva y fundamental en sus vidas?  ¿Qué los llevó a tomar una decisión tan extrema?  ¿Cuánta determinación, cuánta valentía, cuánta fortaleza o cuánta locura se necesitaba para emprender una aventura tan extraña y arriesgada? 

Siempre me hago estas preguntas porque sé positivamente que sus temores y sus sueños, sus ansiedades y sus expectativas, su sufrimiento y su perseverancia, sus flaquezas y su fuerza de voluntad, sus frustraciones y sus esperanzas, todo, absolutamente todo lo que esos dos jóvenes sintieron aquella mañana de agosto de 1907, hoy anida en algún rincón de mi espíritu.  Porque Mads y Bertha fueron mis abuelos paternos, y de ellos dos descendemos todos los Randrup de la Argentina. 

II:   Del muchacho que desertó como ‘granjero Nielsen’ para ser el ‘ingeniero Randrup’.  Del casamiento y otras aventuras peligrosas.  De planos, academias y pequeños vikingos de habla inglesa. 

La historia había comenzado algunos años antes, en Dinamarca.  Mads había nacido el 10 de setiembre de 1880 en una granja en Hvilsom, en la península de Jutlandia, y fue bautizado Mads Karlsen Nielsen.  En aquella época los apellidos daneses eran patronímicos, es decir que el apellido de los hijos se formaba agregando el sufijo ‘sen’ («hijo de») al nombre de su padre, y como el padre de Mads (o sea, mi bisabuelo) se llamaba Niels, el apellido de sus hijos pasó a ser Nielsen.  Sin embargo, años más tarde Mads, que era el menor de seis hermanos, decidió cambiarlo debido a que Nielsen era un apellido extremadamente común en Dinamarca (y todavía lo es).  Entonces adoptó el apellido de su madre, Randrup, posiblemente porque ella provenía de una granja llamada ‘Randrup’.

En lugar de continuar con la tradición familiar para convertirse en granjero, Mads viajó a Copenhague a estudiar Ingeniería.  Allí, mientras estudiaba, conoció a Bertha Thorsen con quien  -ya recibido de ingeniero-  se casó en 1904.  Tres años más tarde se embarcarían en el Darmstadt para emprender juntos la aventura de “descubrir” la Argentina y fundar una nueva familia: la nuestra.

Cuando Mads partió de la granja de Hvilsom dejó atrás a sus padres y a sus hermanos, a los que nunca más volvería a ver.  Pasaron 40 largos años antes de que Mads y Bertha volvieran a pisar suelo dinamarqués (en 1947) y para entonces todos ellos habían fallecido tiempo antes.  Encontraron sí, sobrinos y descendientes de éstos; y también un país totalmente diferente al que habían dejado de jóvenes, y al que les costaba sentir como propio.

¿Y qué había pasado, mientras tanto, en esos 40 años en la Argentina?  Mads y Bertha se radicaron en La Plata, que por entonces era una ciudad joven y en pleno crecimiento, igual que ellos.  Cuando ya hablaba medianamente el castellano, Mads (que al ingresar al país fue inscripto como ‘Máximo Randrup’) comenzó a trabajar en la Oficina de Catastro de la Municipalidad, de la que llegó a ser jefe.  Y aunque nunca pudo ejercer como ingeniero porque para ello debía rendir equivalencias y su conocimiento del idioma era todavía muy precario, instaló una oficina técnica (‘Estudio Randrup’) que realizaba trabajos de agrimensura, arquitectura, planos, construcciones, etc.  Todavía perduran en La Plata dos o tres casas de aquella época en cuyo frente puede leerse: “M.Randrup – Constructor”.  Sin embargo, la actividad a la que dedicó sus mayores esfuerzos fue a la confección de los planos catastrales de La Plata y zonas aledañas.  Esos planos integraban un compendio muy completo, de hojas móviles, que llegó a conocerse como los “Planos Randrup”.

Muchos dibujantes, planos, tableros y dos pequeños vikingos en el ‘Estudio Randrup’

Mientras tanto, Bertha fundó junto con la señora Florence Parrott (a la que familiarmente conocimos como Nena) la primera academia de enseñanza de inglés de La Plata, que se conoció como “Academia Randrup”, y en la que aprendieron el idioma varias generaciones de platenses.  Nena era irlandesa, había viajado con su marido a la Argentina en el Darmstadt, y como se hicieron amigos de Mads y Bertha, se fueron a vivir todos juntos, a la misma casa.  Al tiempo Nena enviudó, pero siempre siguió viviendo en casa de los Randrup ya que era una integrante más de la familia.  De hecho, fue la madrina de papá.

Mads y Bertha tuvieron cuatro hijos, todos nacidos en La Plata: Regnar, Elsa, Richard (mi papá) y Ove.  Fue Bertha quien tomó la decisión de enseñarles inglés a sus hijos y no el dinamarqués, pensando que aquel les resultaría mucho más útil que éste.  Y así fue como en casa de los Randrup los cuatro crecieron escuchando y aprendiendo el inglés, circunstancia que resultaría fundamental por el resto de sus vidas, no sólo para ellos sino también para sus hijos. 

¡Qué visión la de esta mujer decidida y emprendedora, a la que apenas conocí!  Radicada en un país extraño y desconocido, no sólo fundó una academia que llegó a ser sumamente prestigiosa, sino que además crió a sus cuatro hijos enseñándoles a hablar, leer y escribir en inglés porque ya por entonces advirtió que les serviría mucho más que el danés.

Siempre me llamó la atención, cuando yo era chico, escuchar a papá decir que él nunca había conocido a sus abuelos, y que tampoco conoció tíos o primos.  Quizás por eso mismo  -pienso ahora-  durante toda su vida hizo de su familia un verdadero culto y siempre nos inculcó el aprecio y el gusto por las reuniones familiares.

Richard, Elsa, Regnar (Krestian), Mads, Ove y Bertha Randrup

A Mads le gustaba decir que era descendiente de vikingos.  Y quizás lo era, ¿quién puede saberlo?  No puede negarse que, al menos, el espíritu aventurero lo tenía.  Y no sólo eso, porque antes de la gran emigración los vikingos eran un pueblo campesino dedicado a las labores agrícolas.  En determinado momento de su historia emigraron desde Dinamarca motivados mucho más por el espíritu de aventura que por un interés comercial.  Parecida a la historia del propio Mads, no?

III:  De otro barco, otro horizonte y otras expectativas.  De la meta alcanzada y el regreso a casa.

Tras 40 años de ausencia Mads y Bertha volvieron a Dinamarca en 1947.  Durante la larga travesía del Atlántico Mads escribió una especie de diario de viaje muy interesante.  Son unas 30 carillas en las que resume sus vivencias de todos aquellos años en la Argentina.  Originalmente escritas en dinamarqués, fueron posteriormente traducidas al inglés y son una verdadera joya familiar cuyas copias pasarán a hijos y nietos.

Bertha y Mads en Boldrupgaard, la Granja Randrup, en 1947

El relato comienza con su descripción de aquella mañana de agosto de 1907 sobre la cubierta del Darmstadt, atraviesa sus cuatro décadas de residencia en la Argentina y termina con las reflexiones que Mads hace sobre la cubierta del Balboa (barco de  bandera sueca) justo antes de desembarcar en Copenhague, 40 años más tarde. 

Y así como yo empecé esta historia en el mismo lugar donde Mads comenzó su crónica, quiero también concluirla con los últimos párrafos de ese diario, porque creo que lo pintan de cuerpo entero:

«…A mis familiares más cercanos los encontraré en el cementerio, ya lo sé; mis amigos de la niñez serán ahora serios granjeros; mis alegres compañeros de estu­dios y de copas serán ahora solemnes funcionarios, abogados, médicos y ocupa­rán importantes posiciones.  A mis amores juveniles tendré que verlas como arrugadas abuelas, yo que las vi por última vez como dulces y jóvenes veinteañe­ras.  (…) Pero allí está Copenhague; ha cambiado, ha pasado por momentos muy duros y muy buenos.  Allí viví mis alegres épocas de estudiante; miraré todo y lo reconoceré enseguida.  Y en algún lugar de Jutlandia está la granja, los cam­pos, las praderas.  Recuerdo absolutamente todo con precisión.  Allí pasé mis fe­lices días de la niñez y mis despreocupadas vacaciones juveniles.  Observaré to­do con atención y recordaré cada detalle.  Y entonces habré alcanzado la meta de mi via­je a Dinamarca.  Después podremos regresar a nuestra segunda patria; allí esperan los hijos, la familia y las obligaciones…»

Ése era Mads, el Vikingo; mi abuelo paterno.  Y además, mi padrino.

60 años después (en 2007) varios Randrup visitamos Boldrupgaard. Aquí, con Mariana (mi hija) en la misma entrada de la granja.

Dickie Randrup

Dickie Randrup

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17 respuestas

    1. Muchas gracias, Polo!
      Siempre pienso en las historias de nuestros antepasados inmigrantes, todas parecidas y sin embargo tan diferentes al mismo tiempo.
      El desarraigo, la incertidumbre, el dejar todo para empezar desde cero…
      Son historias trágicas de las cuales todos descendemos.

  1. Coincido totalmente con vos Dickie, todas las historias de inmigrantes -las de nuestros abuelos, por ejemplo- tienen mucho en común pero también enormes diferencias.
    Una excelente historia contada con todo el estilo que tan bien manejás.
    El abrazo cálido de siempre y felicitaciones!!!!

  2. Muy buena tu narracion sobre tus abuelos. Emociona tantos recuerdos y vivencias y de como los inmigrantes ayudaron a construir este pais. Ahora descubro despues de mas 45 años de conocerte que sos…Dickie Nielsen (a) el vikingo. Abrazo grande

  3. Conmovedor relato de tus antepasados.
    Me encantó el párrafo que dice: “Siempre me hago estas preguntas porque sé positivamente que sus temores y sus sueños, sus ansiedades y sus expectativas, su sufrimiento y su perseverancia, sus flaquezas y su fuerza de voluntad, sus frustraciones y sus esperanzas, todo, absolutamente todo lo que esos dos jóvenes sintieron aquella mañana de agosto de 1907, hoy anida en algún rincón de mi espíritu.”
    No me cabe duda que es así.

  4. Excelente informe, Dickie! (como siempre!).
    Uno se pone a pensar y puede decir «Como iban a imaginarse nuestros abuelos que 70 años después de su muerte nosotros estamos animadamente hablando de ellos?

    1. Gracias, Eddy…
      “A Mads y Bertha seguramente les hubiese gustado imaginar que sus nietos desandarían algún día su viaje sin retorno de 1907 para conocer la lejana tierra escandinava. Y soñar además que en ese periplo, entonces eventual e improbable, esos nietos aún sin rostros pisarían su tierra adorada, conocerían a sus parientes lejanos, entrarían a sus casas y aprenderían las costumbres danesas…”
      https://ensoniaciones.dickierandrup.com/un-hombre-cualquiera/
      Un abrazo

  5. Muy linda la historia familiar, te felicito por como la cuentas. A propósito, conservo como tesoro un ejemplar del «Planos Randrup», heredado de mi suegro. Muchas gracias!

    1. Muchas gracias, Gabriel.
      Casualmente, hace pocos días mi hijo Federico, a quien conoces, me contó de ese ejemplar que aun conservás de los planos de mi abuelo. Deben quedar pocos.
      Gracias por el comentario y también por el recuerdo.

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