
Bazar de magia
La magia no existe -dijo el matemático- es solo ignorancia de las causas. El poeta sonrió. Y le mostró una flor. El mago del momento

La magia no existe -dijo el matemático- es solo ignorancia de las causas. El poeta sonrió. Y le mostró una flor. El mago del momento

«Este encuentro me ha hecho tanto mal que si lo pienso más termino envenenao. Esta noche me emborracho bien, me mamo bien mamao pa’ no

A Federico Randrup, capaz de decir, enojado: «No soy yo cuando me enojo, te como las amígdalas; tardo tres segundos en matarte…», y sin embargo

A Jorge Sbarra. Mi primo, mi hermano, mi amigo. A poco de recibirnos en la Universidad, mi amigo Martínez y yo ingresamos como becarios en

A Willie y Mariano, que vieron los gauchos. Seríamos seis o siete. Hacía mucho calor y, como otras noches, nos habíamos juntado a tomar cerveza

A Roberto Sbarra, maestro de la vida. La historia que voy a referir es verídica. Sucedió en Montevideo, más precisamente en Ciudad Vieja, el antiguo